Cómo afrontar un divorcio

Cada año que pasa se incrementan las separaciones o divorcios según datos arrojados por el Consejo General del Poder Judicial el cual indica que al menos hasta el año 2014 se habían contabilizado una cifra significante de 130.000, donde su mayoría se trataba de divorcios, que llevado al día significa al menos unas 300 rupturas diarias. 

Dichos datos sólo favorecen las más recientes reformas en cuanto a legislatura que involucran la institución matrimonial y con ella la destipificación de los causales de divorcio. En la normativa vigente se establece que un divorcio puede llevarse a cabo sea cual sea la manera en que se celebró el matrimonio, si este se solicita por alguno de los cónyuges, tanto por mutuo acuerdo o de forma individual pero con el consentimiento del otro. 

De esta manera el divorcio se lleva a cabo una vez hayan concurrido todos los requisitos y circunstancias que se solicitan de acuerdo a la tramitación extrajudicial, tomando en cuenta que no se posean hijos en común, que estos sean menores o con capacidades reducidas y dependan de los cónyuges.  De esta manera se puede entender que ya no existe alguna exigencia que alegue algún tipo de causa o justificación para no poder llevar a cabo un divorcio o disolución del vínculo matrimonial. 

Separación de mutuo acuerdo

Cuando la separación surge de manera unilateral o por mutuo acuerdo para disolver el vínculo matrimonial, podemos encontrar diversas recomendaciones que pueden ser tomadas en consideración y de esta manera hacer del proceso una situación más llevadera y lo menos doloroso posible, sobretodo si en la unión hay niños lo cual de manera inevitable los afectará.

La primera indicación a tomar en consideración es que a modo de antelación se lleve a cabo un periodo de reflexión sobre tal trámite y de ser necesario ello vaya acompañado de profesionales que sirvan de soporte para tal evento. 

Si aún así, se sostiene la idea de continuar con tal trámite de separación, lo indicado primeramente es instar en primer lugar a un proceso de separación que es diferente al acto del divorcio, este no disuelve el vínculo matrimonial, el que podría quedar sin efecto por si ambos desean proceder a una reconciliación posterior. 

Siendo el caso de que tal acto sea irrevocable, entonces lo que se sugiere es que se desarrolle de mutuo acuerdo, donde debe prevalecer el interés de toda la familia y más en el caso de que hayan pequeños ya que estos son los que padecen ante tal decisión tomada por sus padres. 

Ante un acto de divorcio prima la protección a los hijos habidos durante el tiempo en el que permanecieron casados, por lo cual siempre se les aconseja a los adultos manejar la situación de manera que ninguno se vea afectado o al menos de una forma no tan marcada. En ello se hace relevante un mediador familiar que pueda restablecer el diálogo que posiblemente se perdió durante la convivencia y de esta manera establecer legítimos acuerdos desde cada una de las partes.

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