Divorcio separación de bienes

Al momento de dar un paso en el altar, las parejas deben haberse planteado con anterioridad el régimen económico que regirá en dicho matrimonio, y este no es más que el conjunto de reglas que serán aplicadas a las relaciones económicas durante el matrimonio, como una separación de bienes.

Régimen económico de separación de bienes

En España se dispone de tres regímenes económicos matrimoniales distintos: 

Régimen de gananciales

Bajo este régimen pertenecerán a ambos cónyuges las ganancias o beneficios que sean obtenidos por cualquiera de los dos, así como las deudas.

Régimen de separación de bienes

Para este régimen cada cónyuge conserva la propiedad y administración de sus bienes, tanto aquellos que fueron adquiridos antes del matrimonio, como los que adquirió durante este. 

Régimen de participación

Mientras dura el matrimonio este funciona como un régimen de separación de bienes, aunque al disolverse cada cónyuge participará en las ganancias o disminuciones de su patrimonio.

De acuerdo al artículo 1315 del Código Civil español: El régimen económico del matrimonio será el que los cónyuges estipulen en capitulaciones matrimoniales, sin otras limitaciones que las establecidas en este Código.

En tanto que, el artículo 1316 dispone que: A falta de capitulaciones o cuando éstas sean ineficaces, el régimen será el de la sociedad de gananciales.

De este modo, en su mayoría las comunidades autónomas españolas aplican a los matrimonios el régimen de gananciales, cuando carecen de acuerdo.

Si en el momento en que se celebra el matrimonio los cónyuges todavía no han acordado expresamente la separación de bienes, entonces les aplicarán el régimen de gananciales.

Sin embargo, en cualquier momento del matrimonio, los cónyuges cuentan con la posibilidad de acordar el régimen de separación de bienes o el régimen de participación.

En Cataluña por ejemplo, el matrimonio está regido por la separación de bienes, a falta de pacto en contrario.

La separación de bienes y sus características 

Patrimonio personal: una separación de bienes lleva implícito que cada cónyuge es dueño de su propio patrimonio, tanto el anterior como el posterior al matrimonio.

Del mismo modo, le corresponde a cada uno la administración, uso y disfrute de dichos bienes, así podrán disponer de estos libremente, sin que exista la necesidad del consentimiento del cónyuge no propietario. 

Artículo 1437 del Código Civil: En el régimen de separación pertenecerán a cada cónyuge los bienes que tuviese en el momento inicial del mismo y los que después adquieran por cualquier título. Asimismo corresponderá a cada uno la administración, goce y libre disposición de tales bienes.

En relación a la disposición de la vivienda familiar dentro del régimen de separación de bienes, podemos mencionar una excepción, ya que el Código Civil español exige para la venta de la vivienda familiar privativa el consentimiento del cónyuge no propietario o, en su caso, la autorización judicial.

En tal sentido, para poder disponer de los derechos sobre la vivienda habitual y los muebles de uso ordinario de la familia, aunque estos derechos pertenezcan a uno solo de los cónyuges, se requiere del consentimiento de los dos o, en su defecto, una autorización judicial.

De este modo se estipula en el Artículo 1320 del Código Civil. 

Si se llega a realizar la venta de una vivienda familiar sin el consentimiento del cónyuge no propietario, el contrato podrá ser anulado. Ante ello, el Tribunal Supremo ha interpretado el invocado precepto legal como una  norma de protección de la vivienda familiar.

Deudas y obligaciones: se encuentran a cargo de cada cónyuge las deudas y obligaciones que se contraigan. No obstante, de las deudas contraídas por uno de los cónyuges para hacer frente a los gastos de la familia han de responder los dos. 

En otras palabras, si uno de los cónyuges solicita un préstamo con el fin de pagar la ortodoncia de un hijo, son responsables de su pago ambos cónyuges.

Cargas familiares: Los cónyuges se encuentran en la obligación de contribuir al sostenimiento de las cargas familiares de forma proporcional a sus respectivos patrimonios, de no existir un convenio entre ellos.

Por cargas familiares se entienden las relativas a la alimentación, sustento, asistencia médica, educación de los hijos, entre otros.

De manera que, el trabajo para la casa debe ser computado como contribución a las cargas familiares, dando derecho a la obtención de una compensación en el momento de la expedición de la separación de bienes (divorcio).

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